martes, 26 de abril de 2016

#LITERATURA: Azul Capitana, el fuego azulado de la locura // *****



La literatura llena de magia la vida cotidiana. Convierte lo normal en extraordinario. Explora los entresijos más oscuros, y maravillosos, del ser humano. O, en este caso, de la mente humana. Una portada, un título o una mirada extraña. No sabría definir qué fue lo que exactamente me llevó a decantarme por "Azul Capitana", de una autora que me resultaba desconocida y de la que carecía de referencias. Pero sucedió, navegando por esa selva infinita que es Amazon, buscando una excusa más para seguir engrosando mi interminable lista de lecturas. Ahí estaba, en preventa, casi con discreción, sin pretensiones. Ahí, entre millones, pero destacando por su misma esencia.

Sí, después de leerla puedo decir que mi instinto insaciable de lectora no me ha engañado. "Azul Capitana" se trata de un libro único, con un trozo enorme de alma, un pedazo infinito de cariño y que irradia calor. Ese calor que tan solo desprenden aquellas obras que han sido escritas desde la sinceridad, desde la necesidad, desde una realidad alternativa. No me encontraba ante otra publicación común, eso lo sabía. Pero no sabía hasta qué punto.

Toma las riendas Alejandra Olivares, la protagonista de esta historia, a las puertas de un centro de Salud Mental de Londres, "El Roble Viejo", portando una pulsera con un nombre y el alma plagada de heridas. Se nos presenta un cuadro familiar desolador: una hija que parece querer auto destruirse y unos padres rendidos ante ella, como si ya no pudiera luchar más. En el interior de Alejandra bullen muchas emociones, tan difíciles de gestionar que lo único que se limita hacer es encerrarse dentro del coche... como si así pudiera eludir al destino, como si se pudiera evitar el destino.

Su existencia en el centro va creciendo a pequeños pasos. Vamos conociéndola, viajamos de su mano. Problemas para comer, cortes en su cuerpo, irascibilidad, incomprensión... ¿Locura? Una mezcla de enfado y compasión nos hace apiadarnos de ella y no querer abandonarla. Hay algo en su comportamiento, en su carácter, que nos hiere y nos molesta. Porque todo es tan complicado para ella, pero parece tan sencillo desde la cómoda perspectiva del lector. "¡Come! ¡Come! ¡Come!". Pero el acto de ingerir un alimento es algo titánico, imposible para ella, desalentador. No se trata de comer, se trata de mucho más.

Así navega ella entre esos pasillos, en sesiones de terapia que parecen inútiles y entre otros compañeros de viaje con los que se topa en ese camino. Una anciana obsesionada con la pintura, una extraña compañera de habitación (o celda) de la que no termina de fiarse, las gemelas o amantes que son casi idénticas, un filósofo acabado, un muchacho con cicatrices en el rostro y en el alma... Un grupo de desconocidos, de locos, de inválidos mentales, que se convierten en la familia de una Alejandra cada vez más agrietada y más perdida, pero más cerca de sí misma.

María Fornet, psicóloga, ahonda en el trastorno, en la enfermedad, en el problema de conducta que arrastra una joven de veintiséis años. La anorexia es una gran desconocida, llena de mitos, de mentiras y de falsedades. Escapa, en ocasiones, a nuestra razón, cómo es posible que alguien, simplemente se encuentre en una permanente huelga de hambre, aun haciendo peligrar su integridad, su vida.

Además, la capacidad narrativa es impecable. Las letras son tibias, manejadas con cariño y habilidad, con una gran calidad literaria, a veces tan olvidada. La autora presenta una sensibilidad innata, un alma visible en las letras. Presenta una historia diferente, dura, atrevida. Una de las mejores novelas independientes que, puedo asegurar, leeré en mucho tiempo. Uno de estos libros inolvidables, que te encuentras al hacer, y se labran en tu corazón sin remedio. Para siempre.